¿UNA HISTORIA O UN CUENTO?
PROFESORES:
Está tranquilo el Colegio,
y el viento
trae frío de nieve:
el invierno
reina ahí afuera en el patio.
Pero dentro,
estamos hoy celebrando
nuestro DÍA DEL MAESTRO.
Y en esta cena reunidos,
y por darle tiempo al tiempo,
voy a contar una historia…
O, a lo mejor, es un cuento…
Esto era un niño de pueblo…
Y había en el dicho pueblo,
como en todos hace años,
una escuela y un maestro.
Pues ese niño que digo
iba a la escuela contento,
aunque, claro, prefería
jugar con los compañeros.
Y los juegos del entonces
eran juegos de los pueblos,
en los montes, en los prados,
en las eras y senderos:
juegos siempre al aire libre,
si los dejaba el invierno.
Y era como los demás
el niño de nuestro cuento.
Un día cualquiera vino
un amigoniano al pueblo
invitando a quien quisiera
a estudiar en su colegio.
Algunos de sus amigos
animosos le siguieron.
Mas él dijo que no iba,
que no le gustaba eso.
Cuando pasaron tres años
cambiaba de pensamiento
y dijo a sus padres que iba
sólo por ver si era bueno.
Y sus padres a Pamplona
le enviaron como interno.
Después se marchó a Godella
a hacer el curso tercero.
Pasó cursos, pasó años,
y se fue pasando el tiempo…
Ya el niño aquel no era niño,
mas es el de nuestro cuento.
Y a pesar de las distancias,
nunca se olvidó del pueblo,
ni de la escuela pequeña,
ni del que fue su maestro…
Se puso a pensar un día,
y a pensarlo muy en serio:
- “Lo que yo tengo aprendido
se lo debo a otros maestros
que con paciencia y cariño
me ayudaron a aprenderlo…”
Pensó mucho en estas cosas
y en qué quería por dentro,
en lo que la vida ofrece,
en sus ideas y sueños.
Comprendió que lo importante
en la vida no es dinero,
ni el figurar, ni el prestigio,
ni otras clases de camelos
que nos meten por los ojos
y que matan nuestros sueños,
sino el buscar ser feliz,
feliz al prójimo haciendo.
Y decidió convencido
¡que quería ser maestro!
- No, le dijeron algunos,
que es muy pequeño su sueldo.
- No seas tonto, le decían
otros para convencerlo.
¿En una escuela metido?
Que los niños no son buenos,
que son pesados, crueles,
que son malos y molestos…
- Si ganar dinero quieres,
estudia para ingeniero…
- Si quieres ser importante,
métete a politiquero…,
le decía unos y otros
para cambiar su sendero.
Sólo sus padres le daban
ánimos en el empeño.
Pasaron años y cursos,
pasó tiempo… y pasó tiempo…
El niño aquel era ya
un joven serio y apuesto.
Y el joven de nuestra historia,
que es el niño de este cuento,
se metió de religioso,
hizo los votos perpetuos,
se ordenó de sacerdote,
y luego se hizo maestro.
La obediencia le envió
a quehaceres muy diversos:
trabajó en reformatorios,
enseñó en varios colegios,
educó en escuela-granja,
administró sacramentos…
Vivió, según su currículum,
también en sitios diversos:
en Teruel, el seminario;
en Hellín, que es un colegio;
en isla Guara y Apure,
allá por el extranjero;
después se volvió a Hellín
y marchó a Algeciras luego;
y hace ya veintiocho años
vino a dar con los sus huesos
en Santa Rita, en Madrid,
en esta casa y colegio.
En todos aprendió algo,
en todos sembró sus sueños,
a todos les dio algo suyo,
de todos sumó recuerdos.
Pasaron años y años…,
pasaron cursos y tiempo…,
y pasaron muchos niños
por sus clases del Colegio…
Es ya un recién jubilado
el niño aquel de este cuento,
el joven de nuestra historia
y el hombre que fue maestro.
¡Cómo se pasa la vida,
qué rápido corre el tiempo!
Las vivencias del ayer,
hoy son ya sólo recuerdos
que cada día se alejan
y que se nos van perdiendo.
A veces mira hacia atrás,
sin ira, y ve muchos peros,
y teme que su trabajo
no haya sido más que un sueño
que nunca llegó a dar fruto
a pesar de sus desvelos.
Y en su corazón penetra
un aire frío de invierno,
y, suplicante, levanta
sus manos y ojos al cielo
diciendo en pobre oración:
- ¡Qué poco, Señor, he hecho!
Mas se consuela pensando
que ese Señor fue Maestro
y supo lo de sembrar
y no llenar el granero…
Y aquel frío lo atemperan
el calor de los recuerdos,
la vida que fue entregando,
la ilusión que puso en ello,
el soñar en el pasado
y el cariño que le dieron.
*** *** ***
MAESTROS:
En esta cena reunidos,
y por darle tiempo al tiempo,
os he contado una historia…
¿O quizá sólo fue un cuento…?
*** *** ***
Está tranquilo el Colegio,
y el viento
trae frío de nieve:
el invierno
ronronea por los patios…
Aquí dentro,
un jubilado os invita
a brindar
¡por todos los que sois MAESTROS!
José Luis Rodríguez Ibáñez
Ya sé que no es bastante decir que eres “maestro”…
Tu vida la entregaste a Cristo, Señor nuestro.
Una vida expropiada, ya no te pertenece;
semilla que se siembra, y la vida amanece
en alumnos que se abren como una flor primera
y en muchachos que estrenan azules primaveras.
Experto embajador de mi campo castellano,
tú consagras la espiga, hecha pan en tus manos.
Forjador de silencios, de ermitas y campanas,
nos vas llenando el alma con tu paz franciscana.
Tus manos acarician y derraman perdones,
tu voz, poesía y verso, se tornan en canciones.
Mi hermano José Luis, mi hermano amigoniano,
que enfilas ya en tu vida la senda del verano,
recoge la cosecha, las mieses se han dorado,
y aquí estamos contigo, hoy todos a tu lado,
levantando la copa, brindando con mis versos,
olvidando sinsabores de días adversos.
Y sin miedo al otoño, de hoja reseca y malva,
porque Cristo es la luz que despunta siempre al alba.
Hilario Peña Rojo
Querido amigo José Luis:
Acogiéndome a los tres puntos claves del buen sermón: que sea breve, que no sea largo, y que sea corto; y con el deseo de que “lo malo, si breve, no tan malo”, emprendo mi tarea comprometida, pero honrosa, de dedicarte unas palabras cariñosas, en nombre de todos, en tu jubilación.
Comienzo parafraseando lo que dice Cervantes en el Cap. 74 de su Don Quijote: Como las cosas humanas no sean eternas, y como tu vida profesional no tuviera privilegio del cielo para detener su curso, llegó su fin … cuando menos lo pensaba. No es tu caso, José Luis, tu decisión, reflexionada, era firme.
Si Cervantes habla de melancolía, de vencimiento del héroe… aquí no hay tal: ni pesadumbre, ni desencantos, ni tristezas. A todos nos llega una hora nueva: nos vamos, y dejamos lo que tantos años fue nuestra vida, nuestra profesión. “Ya en los nidos de antaño no hay pájaros hogaño” (Cervantes). Dejaremos de ser locos, absorbidos por una vocación, para ser cuerdos, y para enfrentarnos a nuestra propia vida.
Se dice que los Maestros sembramos. Y, aunque no pensemos en recoger cosechas, siempre alienta la esperanza de conseguir frutos. Nos conformamos con el cumplimiento de nuestro deber, y haber sido útiles a la sociedad. Satisface apreciar que hemos dado testimonio de la verdad, tan propio del Maestro, y haber sido ejemplo, y modelo de conducta. Ese es tu caso, José Luis. Sé que recordarás a muchos compañeros en tu adiós, y tampoco olvidarás vivencias de Venezuela, Colombia… allí, tu mano maestra supo preparar para la vida a tantos jóvenes necesitados que pudieron, con tu ayuda, emprender nueva vida, y ejercer una profesión dignamente.
No paso por alto alabar tu instinto social y pedagógico, y tu veteranía, al darte cuenta de que trabajar con los padres de nuestros alumnos era una inversión muy rentable, especialmente para sus hijos. De ahí tu afán por integrarlos en nuestras tareas, organizando talleres , o sesiones de teatro. Un buen camino para evitar incomprensiones entre familia y escuela, pues la colaboración mutua conduce al éxito.
Te hablo así desde el cariño y el respeto que me mereces, después de más de veinte años trabajando juntos es natural que, en ciertos momentos, apareciera alguna “tensión laboral”, por desacuerdos entre quienes buscan lo mejor. Nada fue insalvable. Sólo los buenos recuerdos tienen cabida entre nosotros ahora, y siempre.
Estás en el inicio de un futuro que necesita una agenda distinta, ya que comienzas un segundo turno de ocupación en plenitud, presidido por el valor de la libertad. Inicias una etapa que puede ser muy útil para algo, y para alguien. Espero digas NO a la desocupación, que conduce a la apatía. Múltiples tareas sé que vas a tener. Me atrevo a pedirte que prepares el Jacobeo 2010, y que arranques desde tu tierra palentina, para que la espiritualidad que inspira el Románico la consigas desde el primer día, hasta que llegues al Apóstol, en su Catedral. No irás solo, seguro que notarás la presencia de San Lorenzo, y de la Vírgen de la Calle. Desde la altura de Micieces velarán por ti.
Amigo José Luis, esperamos que hagas muchos proyectos de felicidad para la nueva andadura. La misma que te deseamos todos tus compañeros y compañeras. Enhorabuena Sr. Jubilado.
Pedro Porras.
Archivado bajo: Visitas




