III Congreso Amigoniano

Hace unos días se celebró en Madrid el III Congreso Amigoniano.
La palabra Congreso, normalmente incita a pensar en algo masivo, impersonal, trascendente, podríamos decir; sin embargo, acompañada de la palabra amigoniano el sentido cambia por completo, si además tienes la suerte de asistir y sentirlo, esta previsión se confirma.
Fueron tres días de encuentros y reencuentros de amigos y conocidos; unos días para hacer nuevos amigos y nuevos conocidos. Y en esta atmósfera alegre y distendida se fueron sucediendo las diversas e interesantes ponencias, todas girando en torno a un mismo eje: el niño y su educación.
Educación que no es lo mismo que formación, esto es fácil, todo está en los libros; lo primero, es lo difícil porque aunque existen multitud de libros y trabajos sobre educación y expertos volcados en este tema, cada niño es único, como lo somos todos los seres humanos por el hecho de ser humanos y porque nos nutrimos de circunstancias y realidades que nos diferencian de los demás. Por ello, se hace imprescindible conocer a fondo al niño, al joven que no encuentra su camino. Profundizar en sus sentimientos y en sus vivencias para poder neutralizar lo negativo y potenciar lo mejor que tienen.
Muchas son las veces que nos dejamos llevar por el impulso de juzgar, al fin y al cabo, es lo más fácil y en cierta medida hasta nos exime de responsabilidad o nos coloca por encima de la persona juzgada. En la pedagogía amigoniana esto no tiene cabida porque juzgar te impide percibir, comprender y compartir el sufrimiento o el problema de quien puede necesitarte: personas vulnerables ansiosas de una mano en el hombro. Esta fue la idea que subyació siempre que se habló del profesor o educador amigoniano.
Educador/profesor amigoniano, grandes palabras que nos llevan a pensar en a quién educamos y cómo educamos. Palabras cargadas de enorme responsabilidad pues el educador/profesor amigoniano se convierte en referente, en un modelo que prepara para la vida, que no juzga, que no prohíbe sino que estimula, que valora el esfuerzo y el deseo de avanzar, que potencia la autoestima y que está cargado de ilusión y motivación, que se cree lo que hace porque lo hace convencido, que se frustra desde el corazón cuando las cosas no salen y sufre porque nunca olvida a quién tiene delante.

En este punto quisiéramos destacar algo que nos llamó enormemente la atención y que nos emocionó. Hubo dos mesas redondas, una en la que compartimos las experiencias de distintos educadores y profesores y otra en la que fueron los propios chicos los que narraban sus vivencias, y es en esta en la que se veía y sentía la importancia del adulto en sus vidas, la necesidad de sentirse arropado y apoyado por su mirada comprensiva. ¿Cuántas cosas se pueden decir con una mirada o una mano o un gesto o una sonrisa? En ese escenario no solo se oían palabras.
Fue un Congreso sí, pero también fue un encuentro en el que la generosidad, la humanidad y la satisfacción de hacer lo que hacemos y ser quienes somos se respiraba en cada butaca.
Leticia Serrano. Dpto. de Orientación (Colegio Santa Rita)
Rosa Mª de la Fuente. Maestra de Educación Primaria (Colegio Sta. Rita)

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